La realidad aumentada (RA) es el término que se usa para definir una visión directa o indirecta de un entorno físico del mundo real, cuyos elementos se combinan con elementos virtuales para la creación de una realidad mixta en tiempo real. Consiste en un conjunto de dispositivos que añaden información virtual a la información física ya existente, es decir, añadir una parte sintética virtual a lo real. Esta es la principal diferencia con la realidad virtual, puesto que no sustituye la realidad física, sino que sobreimprime los datos informáticos al mundo real.
Con la ayuda de la tecnología (por ejemplo, añadiendo la visión por computador y reconocimiento de objetos) la información sobre el mundo real alrededor del usuario se convierte en interactiva y digital. La información artificial sobre el medio ambiente y los objetos pueden ser almacenada y recuperada como una capa de información en la parte superior de la visión del mundo real.
La realidad aumentada de investigación explora la aplicación de imágenes generadas por ordenador en tiempo real a secuencias de vídeo como una forma de ampliar el mundo real. La investigación incluye el uso de pantallas colocadas en la cabeza, un display virtual colocado en la retina para mejorar la visualización, y la construcción de ambientes controlados a partir sensores y actuadores.
Recientemente, el término realidad aumentada se ha difundido por el creciente interés del público en general.
sábado, 8 de junio de 2013
TUTORIAL PAINT
Paint(originalmentePaintbrush)
es un programa editor de fotografía desarrollado porMicrosoft. Paint ha acompañado alsistema
operativoMicrosoft
Windowsdesde la
versión1.0. Siendo un programa básico, se incluye en todas
las nuevas versiones de este sistema. Por su simplicidad, rápidamente se
convirtió en una de las aplicaciones más usadas de las primeras versiones de
Windows -introduciendo a varios a dibujar con la computadora por primera vez- y
es todavía fuertemente asociado con la inmediata usabilidad de Windows.
Por
las razones ya descritas, considero que utilizar hoy el término
brujería para denotar los saberes y las vivencias de los esclavizados
durante la colonia, significaría continuar con la óptica que hizo ver y
describir a los inquisidores Sabbats y brujas
voladoras. Esto supondría no solo un europeo-centrismo anacrónico, sino
dejar de lado el reto de visibilizar la historia de la lucha contra la
muerte demográfica y cultural, que realizaron los africanos y sus
descendientes y que dio origen a las culturas afrocolombianas de hoy.
Más bien pienso que el discurso
inquisitorial impregnado de demonios, con el cual se juzgó a quienes no
conocían al diablo, fue la puesta en marcha de una maquinaria de
intolerancia y delación, mediante la cual, la corona pretendió ejercer
control sobre el cuerpo y el alma de los esclavizados.
De los documentos inquisitoriales se
deduce que el adoctrinamiento durante las audiencias operó como una
estrategia de control social y político consecuente, por supuesto, con
las bondades pedagógicas misionales de las políticas pos-tridentinas.
Sin embargo, durante casi tres siglos, detrás de la idea de restaurar la
salud espiritual de los paganos, se hallaba la intención de esclavizar
cuerpos para redimir almas y de paso rentabilizar la economía
esclavista. Este fue el motor que animó al Tribunal de la Inquisición,
instaurado en Cartagena de Indias desde 1610.
Así, la demonización del africano y de
sus prácticas, fue la justificación creada por la iglesia para emprender
esta nueva cruzada: la evangelización de los afros esclavizados. No
obstante, según se desprende del análisis de las fuentes, la iglesia no
buscaba ayudar a los paganos a ser buenos cristianos, sino que ante todo
pretendía hacerlos renegar de los legados de africanía como eran sus
saberes botánicos, mágico-religiosos y adivinatorios, que eran
utilizados, entre otras cosas, para resistir la imposición de la
esclavitud.
La naturaleza de las sentencias, permite
afirmar que una de las modalidades fundamentales de este Tribunal
consistió en realizar una didáctica del cristianismo mediante la
aplicación de castigos ejemplarizantes como: el azote, la abjuración de Levi
y el porte del San Benito. El castigo físico y la vergüenza pública,
oral o simbolizada en una prenda en el cuerpo del acusado, funcionaron
como nuevos vectores de desocialización. De nuevo se excluía a los
sentenciados de pertenecer a una comunidad, en este contexto, la de los
cristianos. Se pretendía entonces llevar al acusado a estigmatizar su
propia cultura para luego de ser perdonado, ser incorporado a la
Ecclesia. El que no ardiera en la hoguera de Cartagena a lo largo del
siglo XVII, podría ser prueba de la americanización de este Tribunal.
Pues a diferencia de los tribunales españoles, en América además de
judaizantes y herejes, se procesaba a los paganos nuevos en la fe
cristiana.
En consecuencia, los inquisidores de
Cartagena se dieron a la tarea pedagógica de la fe, utilizando el tiempo
de la audiencia y el de reclusión del acusado. Es además evidente que
quemar a los esclavizados no era un negocio rentable dado su alto costo,
pero al parecer era más útil invertir en largos procesos y pomposos
autos de fe, tinglados de la rentabilidad esclavista de la iglesia
inquisitorial.
Este asunto reviste singular importancia
para la historia de la cultura afro-neogranadina. Los inquisidores a
pesar de estar armados con su arsenal teológico, se vieron ante la
encrucijada cultural que representó el descubrimiento de esas otras
humanidades. Esta situación los obligó a incluir nuevas interpretaciones
y aplicaciones de los códigos. Por esta razón, los jueces debieron no
sólo buscar el apoyo de los misioneros como Alonso de Sandoval y Pedro
Claver, quienes por su práctica conocían mejor los usos y costumbres de
esas gentes, sino que también se vieron obligados a realizar audiencias
con intérpretes cuando los reos no hablaban castellano o decían no
hacerlo. Desde esta perspectiva, el ejercicio de represión inquisitorial
aparece como un contrapunteo entre diferentes versiones y visiones del
mundo, pero sobretodo relata la voluntad de los españoles de imponer una
ética de vida cristiana ajustada a sus intereses económicos
esclavistas. Buscando la auto-negación cultural por parte de los
acusados, el Tribunal pretendió erigir lo religioso africano en un "dominio aparte, cortado de lo político, lo social, lo económico y afectivo" para desarticular las múltiples formas de resistencia a la esclavitud.
La estrategia consistió en buscar esta
descontextualización en el ámbito de la audiencia y en el del discurso.
Al utilizar términos como ritos y ceremonias, brujería o adoración
demoníaca los inquisidores estigmatizaron lo que para los acusados era
el soporte articulador del pasado y la cultura: la visión sagrada del
mundo. Así la Iglesia creyó haber cumplido con su labor.
Sin embargo, ni la persistencia del
discurso penalizante, ni la agudeza teológica de los inquisidores, logró
hacer desaparecer de los propios expedientes inquisitoriales aquellas
palabras fragmentadas y astilladas que dijeron los acusados, obligados a
declarar por quienes ostentaban el poder. Captadas por la pluma del
escribano, esas palabras hablan más bien de un conjunto de memorias
corporales expresadas mediante prácticas mágico-religiosas
recontextualizadas y reorientadas por los esclavizados y sus
descendientes para resistir a la esclavitud y reconstruir su ser
individual, social y político.
Esos discursos paralelos sirven de
materia prima para intentar una interpretación sobre las formas como
ellos ejercieron oposición al sometimiento forzado que nunca escogieron.
Sin embargo este reto implica una lectura africanista de los documentos
de archivo. Lo más difícil e interesante de esta tarea, consiste en
tratar de conceptualizar y describir el proceso de resignificación de la
corporalidad africana que los esclavizados tuvieron que llevar a cabo
en el ámbito de su vida en las minas y haciendas del Nuevo Reino de
Granada.